Infinitas palabras sin interlocutor que las recibida.
Sentimientos sin respuesta que mueren en silencio.
Procedentes de un romántico empedernido sin atisbo de luz.
Con un oscuro éter que fustiga mi cerebro.
Las manecillas avanzan, sin dar tregua, convierten el presente en pasado y dan paso a un rancio futuro.
El ciclo se repite, una y otra vez, una y otra vez.
¿Qué sentido tiene desear cuando el deseo se convierte en carencia?
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